“Me
siento en deuda con la vida.”
Estudiante de Ciencias Económicas y de idiomas, ex
integrante de un grupo de teatro y por sobretodas las cosas
un bailarín de tango que brilló en Europa.
Tuvo la oportunidad de recorrer varios países del
continente, como Italia, Alemania, Suiza y Francia, dando
clases de tango y brindando varios espectáculos al
aire libre y en hermosos teatros tradicionales.
Integró el elenco de la opera de tango “Mon
Amour” auspiciada por el ayuntamiento de Burgos, bailó
junto a la torre Eiffel, al pie del Senna y en el más
apasionado clima de los carnavales venecianos.
La idea de ir a trabajar a Europa surgió porque un
amigo de Alejandro, que estaba dando clases en París,
tenía que volver a la Argentina y dejaba vacante
un puesto de profesor de tango. Alejandro no tuvo miedo.
Se animó y no sólo pudo transmitir sus conocimientos
sino que además, deleitó al público
europeo con su gran destreza corporal. Las primeras dos
semanas fueron muy difíciles pero, con el correr
de los días, se le abrieron todos los caminos que
jamás había soñado. Empezó a
ir a las milongas, donde habían más de 50
profesores de tango y no dudó en ofrecer competencia.
Lo invitaron a varios castings y terminó codeándose
con famosos compositores y directores artísticos
como Jorge Romano y con bailarines del porte de Pablo Verón,
el protagonista de la película “La lección
de Tango”. Aprovechó su tiempo libre para conocer
hermosas ciudades y para hacer snowboard en las montañas.
“Bailar en Europa... en teatros espectaculares, donde
800 personas te están mirando... es increíble
lo que se sentí al finalizar los espectáculos,
cuando se prendían las luces,... fue una emoción
muy grande,...te sentís en deuda con la vida al poder
disfrutar todo eso. Tener salud y estar ganando dinero haciendo
lo que a uno más le gusta.¿Qué más
se puede pedir?”
Al regresar a la Argentina, Alejandro sintió que
había cambiado, que tenía ganas de hacer muchas
cosas. Entre ellas, organizó una milonga solidaria
para un comedor de la ciudad y tiene en mente hacer mucho
más para poder devolver lo que siente que la vida
le dio.
Entre charlas y sonrisas Alejandro habló de la diferencia
entre el tango tradicional y el tango orgánico:
“Este estilo de música se vincula con lo negro
o africano, pero es exclusivamente “porteño”.
El tango combina varios estilos de música, por ejemplo:
la coreografía de la milonga, el ritmo del candombe,
la línea melódica sentimental y la fuerza
emotiva de la habanera. Debieron pasar casi 100 años
para que el diccionario definiera al tango como“baile
argentino de pareja enlazada, forma musical binaria y compás
de dos por cuatro, difundido internacionalmente” Nace
en la ribera del Riachuelo, en los boliches de cuarteadores,
y en los conventillos del barrio Sur. La clase social en
la que se desarrolla, se denomina criolla-inmigratoria.
El tango se bailaba en la calle y entre hombres. Era una
música prohibida. Comenzó a difundirse alrededor
de 1880, cuando se multiplicaron los burdeles. Se originó
el “compadrito”, que era un hombre orgulloso,
terco y malevo y lo demostraba en el coraje y en el dominio
sobre las mujeres.
Luego el tango se fue a Europa y al fusionarse con el baile
vienés, se asimiló con la clase alta. Hubo
toda una evolución con Piazzola. El tango tradicional
es más al suelo, más cerrado y más
al compás. Antes se marcaba con la mano, se enseñaba
con estructura,... tenías que usar la memoria para
acordarte de los distintos pasos. El tango orgánico
trata de ser más natural, más dinámico.
Es como una danza orgánica donde el hombre no marca
con la mano, danza abrazado a la mujer, ... es todo un movimiento
que nace desde el torso. El tema del abrazo es fundamental.
El hombre propone un movimiento, le da el espacio y la mujer
reacciona. El hombre guía y la mujer se luce. Hoy
en día, la mujer necesita y pide tener un papel más
importante. Lo tomó en la vida y lo refleja en el
tango.”
Al verlo bailar, fusionado con su pareja como si fueran
uno solo, deslizándose y envolviendo el espacio,
uno no puede dejar de imaginarse lo que habrá sentido
al hacerlo tan lejos de su país. Alejandro Lucero:
un joven más por quien sentir el orgullo de ser argentino.
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