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ICANEWS Octubre 2006, Año 2 # 13
Joyería Schifini:
Una tradición marplatense importada de Italia
Gentileza Juan Carlos Demasi
El 13 de febrero de 1911, en el día de su cumpleaños, Rafael Schifini llegó a la Argentina. Proveniente de Polla, Provincia de Salerno, Italia, en un primer período trabajó en Paseo Colón, estuvo viviendo en Caballito y luego decidió encaminar sus pasos hacia Cacharí, donde trabajó en una tienda de “ramos generales”. Allí comenzó a conocer el oficio de relojero, y gracias a una natural habilidad manual, a su constante empeño y su vocación autodidacta, decidió armar un “taller-carreta” que recorría los campos para arreglar los relojes de los peones. Más tarde se trasladó a la localidad de Rancho y luego a González Chávez. En esta última ciudad, en el año 1926, inauguró su primer local de relojería y joyería con atención al público. Esta ciudad fue la cuna de sus cuatro hijos, siendo Arturo Vicente el que heredó su oficio.

Buscando nuevos horizontes, Rafael decide venir a Mar del Plata. Por aquellos días, Arturo Vicente Schifini, con tan solo 13 años de edad, ya era su mano derecha. En 1942, inaugura sobre la calle 12 de octubre, en pleno corazón del puerto, su nueva joyería. Con el paso del tiempo va insertándose en el seno de la comunidad marplatense, trasladándose en el año 2000 al local de la calle Güemes. Mediante su labor logra, como representante de las más prestigiosas marcas suizas, un sitial de privilegio entre el público. Un público que se relaciona con Joyería Schifini desde hace más de seis décadas y aún hoy luce con orgullo sus alianzas matrimoniales, el anillo de 15 años, la medalla de bautismo o aquel reloj que todos sueñan tener.

Por su local han pasado muchas personalidades famosas como el ex presidente Menem, la Sra. del ex presidente De la Rua, Moria Casán, Ángel Magaña, para mencionar algunos. La familia Schifini ha atendido también a un sinnúmero de turistas, entre ellos, a aquellos esposos olvidadizos que venían a veranear a nuestra ciudad y olvidaban el regalo de sus esposas en la capital. Schifini estaba abierto a cualquier hora, especialmente cuando estaba en el puerto. No faltaron oportunidades en que después de una romántica cena, esos esposos se acercaran al local a las dos de la mañana para comprar alguna joya y reparar su olvido.

Probablemente los sueños de Rafael, aquel inmigrante italiano que como tantos otros llegó a principios del siglo pasado, hoy se han cumplido.
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