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El 13 de febrero
de 1911, en el día de su cumpleaños, Rafael
Schifini llegó a la Argentina. Proveniente de Polla,
Provincia de Salerno, Italia, en un primer período
trabajó en Paseo Colón, estuvo viviendo en
Caballito y luego decidió encaminar sus pasos hacia
Cacharí, donde trabajó en una tienda de “ramos
generales”. Allí comenzó a conocer el
oficio de relojero, y gracias a una natural habilidad manual,
a su constante empeño y su vocación autodidacta,
decidió armar un “taller-carreta” que
recorría los campos para arreglar los relojes de
los peones. Más tarde se trasladó a la localidad
de Rancho y luego a González Chávez. En esta
última ciudad, en el año 1926, inauguró
su primer local de relojería y joyería con
atención al público. Esta ciudad fue la cuna
de sus cuatro hijos, siendo Arturo Vicente el que heredó
su oficio.
Buscando nuevos horizontes, Rafael decide venir a Mar del
Plata. Por aquellos días, Arturo Vicente Schifini,
con tan solo 13 años de edad, ya era su mano derecha.
En 1942, inaugura sobre la calle 12 de octubre, en pleno
corazón del puerto, su nueva joyería. Con
el paso del tiempo va insertándose en el seno de
la comunidad marplatense, trasladándose en el año
2000 al local de la calle Güemes. Mediante su labor
logra, como representante de las más prestigiosas
marcas suizas, un sitial de privilegio entre el público.
Un público que se relaciona con Joyería Schifini
desde hace más de seis décadas y aún
hoy luce con orgullo sus alianzas matrimoniales, el anillo
de 15 años, la medalla de bautismo o aquel reloj
que todos sueñan tener.
Por su local han pasado muchas personalidades famosas como
el ex presidente Menem, la Sra. del ex presidente De la
Rua, Moria Casán, Ángel Magaña, para
mencionar algunos. La familia Schifini ha atendido también
a un sinnúmero de turistas, entre ellos, a aquellos
esposos olvidadizos que venían a veranear a nuestra
ciudad y olvidaban el regalo de sus esposas en la capital.
Schifini estaba abierto a cualquier hora, especialmente
cuando estaba en el puerto. No faltaron oportunidades en
que después de una romántica cena, esos esposos
se acercaran al local a las dos de la mañana para
comprar alguna joya y reparar su olvido.
Probablemente los sueños de Rafael, aquel inmigrante
italiano que como tantos otros llegó a principios
del siglo pasado, hoy se han cumplido.
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