Mitología. Leyendas.
Amores contrariados. Navegantes aventureros atraídos
por bellas sirenas... El mar azul, siempre azul. El cielo
diáfano. Un clima benigno y un relieve a veces
abrupto que cae al mar, a veces con suaves ondulaciones
que acompañan al paisaje urbanizado de pintorescas
casitas blancas, blanquísimas, con puertas y ventanas
de colores brillantes como el eterno sol que las ilumina.
...Y a cada paso una iglesia familiar, construida por
los pescadores, como su propio altar, en agradecimiento
al regresar a sus hogares luego de largas jornadas de
pesca.
...Y las playas, como pequeñas bahías que
abrazan al Mar Egeo, con aguas transparentes, oleaje suave
y temperatura agradable que invitan a disfrutarlas.
...Y los aromas perfumados de la primavera, con enredaderas
florecidas, macetas con coloridas flores, que adornan
cada una de las estrechas callejuelas zigzagueantes, típicas
de estas islas de ensueño.
...Y los grandes cruceros junto a las pequeñas
embarcaciones de los pescadores lugareños.
...Y, al atardecer, sucede lo mágico, lo esperado
por todos los miles de turistas de todas partes del mundo
que año a año visitan las islas. El espectáculo
más bello que la naturaleza puede brindarnos, todos
los días, sin egoísmos, para disfrutarlo,
para admirarlo, para emocionarse al ver caer el sol en
el horizonte azul-turquesa...y, entonces, ¿cómo
no entender a los primeros pobladores de las islas cuando
adoraban al dios sol?.
...Y las antiguas construcciones medievales que se fusionan
con lo moderno y elegante de los bares y tiendas, con
el bullicio de la gente que camina, que sueña,
que contagia la magia de vivir las islas griegas.
...Y el deseo de prolongar el tiempo, de eternizarlo,
de regresar; pero también el recuerdo que emociona
y perdura en el alma como el azul-turquesa del mar y las
ISLAS BLANCAS....Esto y mucho más son las islas
griegas.
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