| La taza resbaló
de sus dedos. Grandes y diminutos trozos de porcelana, derramados
sobre el piso de la cocina, la culparon de su distracción.
Soy torpe alegaba ella tímidamente, mientras las
piezas se unían otra vez en la lisa porcelana que
ella tomaría entre sus manos, y guardaría
en el aparador con renovada cautela. |