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ICANEWS Julio / Agosto 2006, Año 2 # 12
La pequeña botella
por Lucía Corrales
ICA student - Level 6
No me siento bien. Me pesan las piernas, siento la sangre que recorre mi cuerpo ir muy lento, como demasiado espesa para avanzar. No encuentro la fuerza que necesito para hablar o caminar, o simplemente mantenerme en pie. Estoy sola, no hay nadie aquí. Busco algo cerca de mí que me ayude a pararme y llegar hasta el teléfono, pero todo está muy lejos, o eso parece. Tengo la puerta a pocos metros. Como quisiera que entrara alguien en este momento y me viera aquí tendida sobre el frío suelo. Espero. Los minutos pasan como si fueran horas. La soledad que hasta ahora había tratado de esquivar se va apoderando poco a poco de mi alma, hasta llenarla completamente de oscuridad y temor. Sigo esperando. La ventana muestra el poco sol que va quedando y la oscura noche que se aproxima. Ya deben de ser las 7. Continuo esperando para que algún cuerpo al que todavía le quede algo de vida venga a ayudarme. Ya no puedo mantener los ojos abiertos, aunque quisiera. La oscuridad ha terminado de tomar mi alma y continua con la habitación. Ya no veo nada. Luces brillantes se mueven alrededor de mí intentando, hasta donde mi mente me permite pensar, decirme algo. Pero no puedo entenderlas. Ya no me queda motivo por el cual vivir, o intentar seguir despierta. ¿ A quién quiero engañar? Esperar por alguien a quien le importo, es esperar por alguien que no existe, y no quiero seguir esperando en vano. Lentamente cierro los ojos. Ya no importa seguir aferrada a esta botella que me ha llevado hasta donde estoy. Lentamente la suelto, y con lo poco que me queda del sentido auditivo, puedo escuchar como rueda por el piso hasta toparse con algo. ¿Qué será aquello que paró el camino de la botella? Ya no escucho nada. Hundida en la oscuridad puedo sentir como un calor se esparce dentro de mí, continuado por una corriente fría. Poco a poco va llegando al corazón, su punto final. Ya está llegando, puedo sentirla. Con las pocas fuerzas que me quedan, que son mínimas, recito una frase que ha sido la que me ha impulsado a hacer lo que hice. La recito fuertemente o hasta donde mi poca voz puede, para que si alguien, ya tarde, ha venido a buscarme, entienda el porqué de mis acciones. "Quien está enamorado, es el amor quien dirige su cuerpo y mente; quien esta hundido en una soledad muy grande, es la tristeza y la falta de cariño quien se encarga de llevarlo por el camino correcto". O el camino que esta pequeña botella crea correcto. .
Con los ojos hinchados y lágrimas recorriendo sus suaves y colorados pómulos, un hombre se encuentra arrodillado junto al cuerpo de la mujer que ha acabado de recitar una frase. Gritos de horror, tristeza y pena salen de la boca del hombre. Con la pequeña botella de un líquido azul ya vacía en la mano, y corriéndole los cabellos que tapan la cara del cuerpo tendido en el suelo, gritó fuertemente, intentando en vano que la mujer lo escuchase: " Yo te amé. Si creías que estabas sola, es porque no quisiste ver. Me tuviste allí todo el tiempo. Pero esperaste por aquel hombre soñado, sabiendo que no existía. Yo te quise, sino ¿Quién más te dejaría todas las mañanas unas flores en el jarrón que se encuentra en la mesa del comedor, y te diría buenos días, aunque para él no fueran buenos porque no estaba contigo? Y abrazando el cuerpo inerte de su amada, y habiendo dejado un ramo de rosas sobre el pecho de la misma, le dio un triste beso.
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