| No me
siento bien. Me pesan las piernas, siento la sangre que
recorre mi cuerpo ir muy lento, como demasiado espesa para
avanzar. No encuentro la fuerza que necesito para hablar
o caminar, o simplemente mantenerme en pie. Estoy sola,
no hay nadie aquí. Busco algo cerca de mí
que me ayude a pararme y llegar hasta el teléfono,
pero todo está muy lejos, o eso parece. Tengo la
puerta a pocos metros. Como quisiera que entrara alguien
en este momento y me viera aquí tendida sobre el
frío suelo. Espero. Los minutos pasan como si fueran
horas. La soledad que hasta ahora había tratado de
esquivar se va apoderando poco a poco de mi alma, hasta
llenarla completamente de oscuridad y temor. Sigo esperando.
La ventana muestra el poco sol que va quedando y la oscura
noche que se aproxima. Ya deben de ser las 7. Continuo esperando
para que algún cuerpo al que todavía le quede
algo de vida venga a ayudarme. Ya no puedo mantener los
ojos abiertos, aunque quisiera. La oscuridad ha terminado
de tomar mi alma y continua con la habitación. Ya
no veo nada. Luces brillantes se mueven alrededor de mí
intentando, hasta donde mi mente me permite pensar, decirme
algo. Pero no puedo entenderlas. Ya no me queda motivo por
el cual vivir, o intentar seguir despierta. ¿ A quién
quiero engañar? Esperar por alguien a quien le importo,
es esperar por alguien que no existe, y no quiero seguir
esperando en vano. Lentamente cierro los ojos. Ya no importa
seguir aferrada a esta botella que me ha llevado hasta donde
estoy. Lentamente la suelto, y con lo poco que me queda
del sentido auditivo, puedo escuchar como rueda por el piso
hasta toparse con algo. ¿Qué será aquello
que paró el camino de la botella? Ya no escucho nada.
Hundida en la oscuridad puedo sentir como un calor se esparce
dentro de mí, continuado por una corriente fría.
Poco a poco va llegando al corazón, su punto final.
Ya está llegando, puedo sentirla. Con las pocas fuerzas
que me quedan, que son mínimas, recito una frase
que ha sido la que me ha impulsado a hacer lo que hice.
La recito fuertemente o hasta donde mi poca voz puede, para
que si alguien, ya tarde, ha venido a buscarme, entienda
el porqué de mis acciones. "Quien está
enamorado, es el amor quien dirige su cuerpo y mente; quien
esta hundido en una soledad muy grande, es la tristeza y
la falta de cariño quien se encarga de llevarlo por
el camino correcto". O el camino que esta pequeña
botella crea correcto. .
Con los ojos hinchados y lágrimas recorriendo sus
suaves y colorados pómulos, un hombre se encuentra
arrodillado junto al cuerpo de la mujer que ha acabado de
recitar una frase. Gritos de horror, tristeza y pena salen
de la boca del hombre. Con la pequeña botella de
un líquido azul ya vacía en la mano, y corriéndole
los cabellos que tapan la cara del cuerpo tendido en el
suelo, gritó fuertemente, intentando en vano que
la mujer lo escuchase: " Yo te amé. Si creías
que estabas sola, es porque no quisiste ver. Me tuviste
allí todo el tiempo. Pero esperaste por aquel hombre
soñado, sabiendo que no existía. Yo te quise,
sino ¿Quién más te dejaría todas
las mañanas unas flores en el jarrón que se
encuentra en la mesa del comedor, y te diría buenos
días, aunque para él no fueran buenos porque
no estaba contigo? Y abrazando el cuerpo inerte de su amada,
y habiendo dejado un ramo de rosas sobre el pecho de la
misma, le dio un triste beso. |