Para jugarlo se necesita: una cancha de 18 hoyos, en cuyo diseño, hay hoyos que son par tres, cuatro y cinco, calificados por el metraje que tenga cada uno (su recorrido se realiza en cuatro horas y un ratito), nueve hoyos de ida y nueve de vuelta, un juego de palos (hasta un máximo de catorce) y una pelota como elemento principal.
¿Por que comienzan las mujeres a jugar golf modificando su entorno, con un juego, que aparentemente es monótono y aburrido? No es fácil la respuesta.
Sin excepción, todas nos introducimos en el mundo
especial de las golfistas, porque fuimos esposas, novias, hermanas o amigas de alguien que jugaba. Hartas de escuchar en cada reunión social ( los golfistas son como las hojas en el otoño, caen pero el viento los amontona), los eternos monólogos , y sin entender los términos usados, que parecen extraídos de un extraño idioma ( sockets, filazos, papas aéreas, slice, hook) y llevadas por la curiosidad femenina, decidimos un día ver de qué se trataba.
Decisión difícil: se piensa, se medita, hay que acumular broncas, soledades de fines de semana, y sobre todo querer dejar de ser las eternas “viudas de golf”. Convencidas de que nada fue producto de un arrebato- porque indudablemente todas estamos ligadas a hijos, familia y amigos- concertamos día y hora para iniciar las clases.
A priori, sentenciamos: “este jueguito” no me va a atrapar…ja…ja..
Las clases se pueden realizar en el club o en las famosas “jaulas”, que son recintos cerrados cuyas paredes están cubiertas de redes para que la pelota impacte sobre ellas. Fue experiencia de muchas...que paradas sobre una alfombra, solas y expectantes, mirando a una pelotita, que apoyada sobre un felpudo, parecía esperar tranquila…escuchar entonces la voz del profesor que daba instrucciones, de cómo asentar el peso del cuerpo en los talones, como tomar el palo, como subir y trasladar el peso del cuerpo de una pierna a otra…el movimiento de rotación de las caderas, quebrar las muñecas en lo más alto del swing…y cuando creíamos que ese enrosque de tirabuzón había terminado… había que volver…sí volver… pasar la cadera nuevamente, que los brazos libremente y sin apuro, impactaran a la pelota… a la que no le habíamos sacado la vista…y terrible sorpresa , ver que la “maldita”, estaba en el mismo lugar. Y esa primera “papa aérea”,es decir errar completamente el golpe, fue el señuelo que nos tendió este juego para desafiarnos. En aquel momento ¿quién no pensó, si no hubiera sido mejor empezar a jugar al ping pong o al ta te ti? Pero ya era demasiado tarde.
Pasado un tiempo de “SASULA” (sangre, sudor y lágrimas) y mecanizado el movimiento del swing por mucha práctica de darle mil golpes a la pelotita, un día un alma generosa nos dice… y bueno salgamos a la cancha … Hoyo 1 ,bochas rojas que indican el lugar de salida, pelotita sobre el tee, mirada fija en ella, palo en mano, se inicia el movimiento hacia arriba… hacia abajo , se produce el impacto a la pelota y ¡ oh sorpresa ¡ se descubre que también sabe volar, que no es como un reptil que sólo se arrastra por el piso… que rebota en el fairway, que corre …y corre.
Esa primer experiencia no será olvidada jamás , el caminar por el campo será maravilloso, una sensación nueva… entretenida …hasta ir descubriendo que la cancha nos espera tranquila y misteriosa porque sabe que en la vida de golfista, muy pocas veces se la podrá vencer , y ella ofrece las trampas más sutiles…las de arena, las de agua, los fuera de límites, los montes y el viento, la lluvia, el granizo y hasta nieve. Pero eso no es todo. Recibe la ayuda del señor Reglamento, único juez , que yace guardado en un bolsillo de la bolsa de palos que como el libro Gordo de Petete, te indicará lo que podrás hacer …y te paseará de una regla a otra para que “ te las sepas” … y que fueron creadas por los ingleses, son rígidas , hay que cumplirlas y hacerlas cumplir mal que les pese a tus contrarias.
Otorgado el handicap nacional, requisito indispensable para poder jugar los torneos de fin de semana, que se irán enancando uno tras otro por meses y años, nada impedirá que todos los sábados partas hacia el club y para que nadie proteste , dejarás la comida preparada, la ropa planchada y ordenada , las hijos con “programas divinos “( siempre ayuda una abuela o una tía ) previamente ya estará arreglado el “pool”, para ir hasta el club. Surgirá otro ritual… preparar el bolso, sin dejar nada librado al azar; todo tiene que armonizar, la remera, las medias, la visera, los guantes y hasta el tee deberán combinar. En el invierno todo cambia, el frío es el culpable de que acumulemos cual capas de cebolla, camiseta, polera, sweaters, gorro de lana, guantes y chaleco sin mangas para poder hacer el swing y a veces por él, ya sea chato, cuadrado o “ventanita” los que van caminando por el fairway podrán saber quién es el oso polar que va jugando.
Además del juego de palos, portamos el bolsito con muchas pelotitas, por si se pierden…o por que si jugamos mal la cambiamos seguido …arregla piques, marcador para el green , lapiceras y una tonelada infernal de tee de diversos colores que por supuesto son los que nos darán suerte y nos harán jugar espléndidamente.
Es un juego difícil y atrapante, te marcará para toda la vida. Parada en la vereda de enfrente, reconocerás lo que aportó a tu vida, comprobarás que aprendiste a ser más humilde, más respetuosa de las reglas, sabrás que los halagos y los sufrimientos deportivos son efímeros; tratarás de superarte, de mejorar, pero sobre todo aprenderás a ser muy… muy paciente, por que sólo con esa virtud podrás llegar a jugar y a divertirte -que en definitiva de eso se trata todo esto- ya que lo podrás practicar toda la vida.
Después de haber jugado un hoyo perfecto, el resultado tiene siempre nombre de pájaros…birdie, águila, albatros y si fue desastroso un “chimango” cae perfecto. Y como la ilusión y la esperanza también tienen alas, ¿cómo no soñar en hacerlos?…y llegar al hoyo 18 pensando que lo vamos a jugar bien para mañana regresar y pensar como Serrat, que ese puede ser el gran día…duro con él.
Después…la vuelta al club house, a la ducha reparadora, que como muro de lamentos se banca todo…y arregladitas y compuestas partir a la confitería , para comentar cual cotorras, y explicar, lo inexplicable… “sí jugué bien no sé por que anoté 85 golpes… risas, llantos compartidos y anécdotas infinitas. Haber caminado la cancha por muchos años, hace que se acumulen no sólo por lo visto sino por lo escuchado situaciones de todo tenor… juego de palos arrojados a la laguna, hierros colgados de los árboles, palos costosos rotos por la ira, señoras educadas y modositas haciendo uso de las “malas palabras” y la promesa muy “firme” de no volver nunca más…
No debemos olvidar lo más importante…una vez que uno empieza a jugar, ningún acontecimiento será celebrado en horas del medio día, todo pasará para la noche, el resto del club agradecido, nadie fuera del golf lo podrá entender jamás.
Parafraseando una vieja canción estudiantil siempre cantamos…las que lo son...las que lo fueron antes, las que por suerte tienen de golfistas…para toda la vida... el corazón… Sólo hay que atreverse.
Nelly Pacheco
Caminó por los fairways del Club Mar del Plata Los Acantilados por 35 años.
tee: adminículo para apoyar la pelota
slice: golpe con efecto que desvía la pelota de su trayectoria recta.
hook: darse vuelta por mano izquierda floja.
socket: el tiro más inesperado hacia la derecha.
par: los mismos golpes que indica el hoyo
birdie: un golpe menos que el par
águila: dos menos
albatros: tres menos
chimango: es cualquier cosa
y Hoyo en uno: flor…de suerte.