Los truenos resonaban fuertemente y los relámpagos alumbraban el cielo nocturno como un divertido juego de luces. Charlotte entró en la biblioteca. Miró las gotas de lluvia que se deslizaban por el ventanal y tomó un libro de una de las estanterías. Se acercó a la chimenea y se sentó en el sofá que se ubicaba en frente, de cara al fuego. Abrió el libro en la página que su señalador de papel indicaba, y se sumergió en la atrapante historia.
Jane corre entre los árboles del tupido bosque. Lucy está sólo unos pocos pasos más atrás con el cuchillo en la mano y la cara desfigurada por la ira.
Un trueno sacó a Charlotte de la historia. Un ruido en la habitación continua la devolvió por completo a la realidad. Se sobresaltó. Desde que su hermana menor se había casado, tres meses atrás, ella vivía en el caserón sola. Se levantó de su asiento y se acercó sigilosamente a la puerta. Respiró profundamente y la abrió. No había nadie. Encendió la luz y repasó con la vista cada rincón. Estaba vacía.
Volvió a la biblioteca y retomó la lectura, pero no logró concentrarse.
Dejó el libro a un lado y observó el fuego hasta que su mente se perdió en el reflejo hipnotizante de las llamas. Comenzó a pensar en la historia que estaba leyendo unos momentos antes.
Su mente estaba lejos de allí cuando un rayo resonó estrepitosamente y alumbró el jardín que rodeaba la casa. Luego, oscuridad casi total.
«Genial.» pensó Charlotte «Sólo faltaba que se cortara la luz»
Decidió que lo mejor era ir a dormir. Se dirigió hacia su dormitorio en la planta alta. Tanteó su cama y se sumergió debajo de sus sábanas de seda. Un segundo más tarde estaba dormida.
Lucy entraba en la habitación. Jane dormía junto a un hombre, el esposo de Lucy. La esposa entrada en cólera, despertó a la otra de un sacudón. Sus ojos celestes se abrieron lentamente y, una vez acostumbrados a la luz, descubrieron con sorpresa la silueta de la otra mujer, que gritaba mientras se dirigía a la cocina. El hombre despertó y Jane se levantó de un salto. Cuando Lucy entró nuevamente al dormitorio con un cuchillo en las manos. En un intento de proteger a su amante, Charles se interpuso entre ella y el cuchillo. Jane gritó y echó a correr, internándose en el bosque. Lucy iba detrás de ella
Corría mirando de tanto en tanto, a la otra mujer. Se estaba acercando cada vez más. Jane pisó el borde de un barranco, sin notarlo y rodó cuesta abajo, golpeándose la cabeza con una roca. La vista se nubló y, luego, oscuridad total.
- Charlie, despierta.- susurró una voz familiar.
Charlotte se despertó asustada por el sueño. Lo había sentido muy real. Miró a un lado de la cama. Allí estaba, de pie a su lado, su hermana menor, Channel.
- ¿Channel?
- Sí. Diego y yo vinimos para ver cómo estabas. Ya sabes, por la tormenta.
- Gracias. Dame un momento. Enseguida voy al comedor.
Dicho esto, Channel se fue del dormitorio y la otra hermana se levantó de la cama, se vistió y, pocos minutos después, fue a su encuentro.
El comedor era una amplia habitación. Su hermana y su cuñado estaban sentados en dos pequeños sillones que había en un rincón, junto a la ventana. A juzgar por lo iluminado que estaba el cuarto, debía ser un día soleado. Eso era normal en el verano.
- Es un bonito día.- dijo la anfitriona acercándose- Podrían pasar la tarde aquí, en la piscina. Le pediré a Ana que prepare algo de comer, en cuanto llegue.
- Charlie, son más de las once y media. Ana está aquí desde hace tiempo, si es que no ha cambiado su horario.
Sorprendida por la hora, Charlotte miró el reloj. Llamó a Ana quien, un minuto más tarde, estaba allí.
- Ana, ¿podrías cocinar algo para que comamos los tres en el jardín?
- Claro, señora.
Al no recibir más órdenes salió por el mismo lugar por el que había entrado. Los otros tres salieron al hermoso jardín. Había una enorme piscina rodeada por un camino de lajas. Había reposeras y una mesa y sillas de madera, por un lado, y plantas, por el otro.
Luego de comer, Channel se recostó a tomar sol y su esposo se sentó a su lado a leer el periódico. La otra fue por su libro y retomó la lectura desde la parte en que había dejado la primera vez, durante la noche anterior.
«Jane pisa el borde de un barranco, sin dar cuenta de ello. El frágil pedazo de tierra en el que está parada, se desmorona y cae cuesta abajo. Esto ya lo leí. Bla, bla… Se desmaya»
Pasó la página y comenzó el último capítulo. Estaba cansada. No sabía por qué, pero lo estaba.
«Jane despierta. Está…» bostezó «Está en un lugar desconocido… Qué sueño tengo…»
Bostezó nuevamente y se quedó dormida.
- Ya despertaste.- dijo Lucy- No quería asesinarte mientras dormías. Creo que deberíamos hablar primero, ¿no te parece? No debiste acostarte con mi esposo. ¿Qué sucede?- la otra abrió la boca, para decir algo- No, querida, no. No digas nada. ¡Cuánto lamento que no comprendas lo que pasa!.- su tono era sarcástico.
- Pero, ¿qué es lo que pasa?
- Dije que te callaras.
- Pero… No. Esto es sólo un sueño. Nada más.
- ¿Sólo un sueño? No, pequeña Charlie, no es sólo un sueño. Cuando alguien preguntaba sobre la historia, decías que era atrapante, ¿verdad? Bueno, ahora estás atrapada en ella. De a poco, te fue atrayendo y finalmente, quedaste atrapada. Ahora no podrás escapar. No, ya no.
Charlotte quiso decir algo, pero ya era tarde. Lucy descargaba su cuchillo con furia una y otra vez sobre su pecho