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ICANEWS Agosto 2004, Año 1 # 4
El nacimiento de la no figuración en la crisis del mundo moderno
por Gregorio F. Romero
En momentos tan proclives a la confusión idiomática, creo que es necesario una pequeña aclaración previa acerca del sentido en que va a utilizarse el término que forma parte del título: no-figuración o abstracción. Quizá no sean los más adecuados ni deban utilizarse como sinónimos, pero el uso los ha consagrado, como dijo Mario De Micheli: "el abstraccionismo puro, al no inspirarse de ningún modo en la realidad natural y, por lo tanto, al no obtener de ella ningún elemento, es decir, al no ser el resultado de una abstracción sino la propuesta de una nueva realidad, se coloca lógicamente fuera de tal denominación. Sin embargo, esta sustitución del término abstraccionismo hecha con más de veinte años de retraso, después de que manifiestos, escritos y títulos de obras lo hubieran utilizado con orgullo, no puede crear más que confusión". Trataremos de ver el nacimiento de este arte abstracto o no-figurativo, como uno de los signos de la crisis de las concepciones del Mundo Moderno tal como se produce a fines del siglo XIX y principios del XX.
La vivencia de esa honda y acentuada crisis fue anunciada en todos los campos por diversos signos. En las artes plásticas se manifestó por una separación creciente entre los términos que el Renacimiento había considerado posibles de una armonización. Esta se lograría por un control de la razón humana sobre el posible desborde del sensualismo y de los sentimientos; y por una comprensión del espíritu humano acerca de "lo-otro", del mundo, basada en los datos multiformes y cambiantes de las percepciones, aclarados por la razón. Las artes plásticas renacentistas tradujeron ese sueño de armonía por medio de formas aisladas por un nítido contorno y definidas por un claroscuro moderado puesto al servicio de la claridad de esas formas; y si bien ese sueño de equilibrio armónico fue destruido muy pronto por los hechos, sus consecuencias persistieron, sobre todo en los ambientes académicos, hasta el siglo XIX.
En las artes plásticas, el progresivo ahondamiento de la crisis del Mundo Moderno fue acompañado por un proceso de desrealización que no fue uniforme, sino que mostró, en general, dos ramas. Por un lado, desde el Romanticismo hasta van Gogh y, más allá de éste, hasta los fauves y los expresionistas, se percibe una naturaleza crecientemente subordinada a los impulsos deformantes de la expresión. Por otra parte, desde Seurat y Cézanne hasta el Cubismo, vemos cómo el espíritu humano va subordinando las variadísimas formas naturales a las leyes rigurosas de la construcción racional y de la geometría. Por cualquiera de estos dos caminos, la realidad externa se irá desvaneciendo ya sea en las exaltaciones del color, ya en los rigores geométricos de las formas, en ambos casos como objetivación de la interioridad del hombre.
Finalmente ocurre la abierta ruptura no sólo con el realismo, sino con la figuración, en la década de 1910 a 1920, y hace su irrupción plena dentro del ámbito del lenguaje artístico la llamada no-figuración o abstracción. Como indica R.Huyghe, se produce entonces una asociación de esfuerzos "hacia lo que va a ser la preocupación especial de los años que vienen: el rechazo del mundo visible, de las leyes que rigen y explican sus apariencias y, en contrapartida, el acceso a un universo desconocido, presentido, disimulado tras de esas mismas apariencias". Es una de las formas en que se manifiestan las angustias y las aspiraciones de una civilización que intenta encontrar su propio y aceptable ser desde esa situación de hombre de intemperie, como llama Ortega y Gasset al hombre en crisis. Además de la abstracción, hubo otros caminos de manifestación de la crisis; pero seguirlos exigiría un mayor espacio y otra reflexión.
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