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| El nacimiento de la no figuración
en la crisis del mundo moderno |
| por Gregorio F.
Romero |
En momentos tan proclives
a la confusión idiomática, creo que es necesario
una pequeña aclaración previa acerca del sentido
en que va a utilizarse el término que forma parte del
título: no-figuración o abstracción.
Quizá no sean los más adecuados ni deban utilizarse
como sinónimos, pero el uso los ha consagrado, como
dijo Mario De Micheli: "el abstraccionismo puro, al no
inspirarse de ningún modo en la realidad natural y,
por lo tanto, al no obtener de ella ningún elemento,
es decir, al no ser el resultado de una abstracción
sino la propuesta de una nueva realidad, se coloca lógicamente
fuera de tal denominación. Sin embargo, esta sustitución
del término abstraccionismo hecha con más de
veinte años de retraso, después de que manifiestos,
escritos y títulos de obras lo hubieran utilizado con
orgullo, no puede crear más que confusión".
Trataremos de ver el nacimiento de este arte abstracto o no-figurativo,
como uno de los signos de la crisis de las concepciones del
Mundo Moderno tal como se produce a fines del siglo XIX y
principios del XX.
La vivencia de esa honda y acentuada crisis fue anunciada
en todos los campos por diversos signos. En las artes plásticas
se manifestó por una separación creciente entre
los términos que el Renacimiento había considerado
posibles de una armonización. Esta se lograría
por un control de la razón humana sobre el posible
desborde del sensualismo y de los sentimientos; y por una
comprensión del espíritu humano acerca de "lo-otro",
del mundo, basada en los datos multiformes y cambiantes de
las percepciones, aclarados por la razón. Las artes
plásticas renacentistas tradujeron ese sueño
de armonía por medio de formas aisladas por un nítido
contorno y definidas por un claroscuro moderado puesto al
servicio de la claridad de esas formas; y si bien ese sueño
de equilibrio armónico fue destruido muy pronto por
los hechos, sus consecuencias persistieron, sobre todo en
los ambientes académicos, hasta el siglo XIX.
En las artes plásticas, el progresivo ahondamiento
de la crisis del Mundo Moderno fue acompañado por un
proceso de desrealización que no fue uniforme, sino
que mostró, en general, dos ramas. Por un lado, desde
el Romanticismo hasta van Gogh y, más allá de
éste, hasta los fauves y los expresionistas, se percibe
una naturaleza crecientemente subordinada a los impulsos deformantes
de la expresión. Por otra parte, desde Seurat y Cézanne
hasta el Cubismo, vemos cómo el espíritu humano
va subordinando las variadísimas formas naturales a
las leyes rigurosas de la construcción racional y de
la geometría. Por cualquiera de estos dos caminos,
la realidad externa se irá desvaneciendo ya sea en
las exaltaciones del color, ya en los rigores geométricos
de las formas, en ambos casos como objetivación de
la interioridad del hombre.
Finalmente ocurre la abierta ruptura no sólo con el
realismo, sino con la figuración, en la década
de 1910 a 1920, y hace su irrupción plena dentro del
ámbito del lenguaje artístico la llamada no-figuración
o abstracción. Como indica R.Huyghe, se produce entonces
una asociación de esfuerzos "hacia lo que va a
ser la preocupación especial de los años que
vienen: el rechazo del mundo visible, de las leyes que rigen
y explican sus apariencias y, en contrapartida, el acceso
a un universo desconocido, presentido, disimulado tras de
esas mismas apariencias". Es una de las formas en que
se manifiestan las angustias y las aspiraciones de una civilización
que intenta encontrar su propio y aceptable ser desde esa
situación de hombre de intemperie, como llama Ortega
y Gasset al hombre en crisis. Además de la abstracción,
hubo otros caminos de manifestación de la crisis; pero
seguirlos exigiría un mayor espacio y otra reflexión. Top |
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