En la región de Bohemia,
junto al Río Moldava, se encuentra la deslumbrante
ciudad de Praga, capital de la República Checa.
Mundialmente reconocida como lugar de ensueño,
su encanto supera, sin embargo, la imaginación
del visitante que aún no la ha recorrido. Su rasgo
más sobresaliente es la perfecta conservación
de sus iglesias, puentes y edificios originales.
El centro histórico de Praga es la Ciudad Vieja,
cruzada por el Camino Real, donde el visitante se pierde
en sus calles laberínticas y envolventes. Como
el tráfico está prohibido, los únicos
vehículos que recorren la plaza son los románticos
mateos (carruajes de caballos) cuyos paseos ofrecen una
perspectiva diferente. En esta zona se destacan los más
importantes edificios históricos: la Iglesia de
Nuestra Señora de T_n con sus oscuras agujas góticas;
la Iglesia de San Nicolás, donde todas las tardes
funciona una sala de conciertos y la Municipalidad, construida
en 1338, que se fue extendiendo con el paso de los años,
agregándose numerosas casas antiguas a su Torre
principal. Entre sus obras de arte descolla el Reloj Astronómico.
Una multitud se reúne frente a él, cada
vez que marca las horas, para ver a sus figuras mecánicas.
Las mismas comprenden a los 12 apóstoles y a otros
personajes que representan La Lujuria, La Avaricia, La
Vanidad y La Muerte, esta última sosteniendo un
reloj de arena en su mano derecha para recordarnos que
tenemos el tiempo limitado en esta tierra y debemos aprovecharlo
bien.
El reloj también muestra el movimiento del sol
y de la luna a través de los 12 signos del zodíaco.
Se dice que cuando fue terminado, el rey mandó
cegar al relojero para que no pudiera repetir su obra.
Un paseo por el Barrio Barroco (Malá Strana) es
un viaje a la época de Amadeus. Pocos barrios de
Europa pueden presumir de mantenerse en tan perfecto estado
de conservación. Antiguamente las calles no tenían
nombre ni las casas tenían número, por eso
cada vivienda se reconocía por un objeto distintivo
en su puerta. Así pueden verse la Casa del Cisne
Blanco, la Casa del Cangrejo o la Casa de la Taza Dorada.
Posteriormente, la calle Nerudova, en el mismo barrio,
tomó este nombre para homenajear al gran poeta
Jan Neruda, representante del realismo checo y autor de
“Los Cuentos de Malá Strana”. El escritor
chileno Pablo Neruda, que en realidad se llamaba Ricardo
Neftalí Reyes, también eligió ese
seudónimo en su honor.
El mítico castillo de la ciudad es el símbolo
de más de 1000 años de historia. Pese a
los sucesivos incendios e invasiones, ha conservado iglesias,
capillas, salas y torres de cada período histórico,
desde el esplendor gótico de la Catedral hasta
las ampliaciones renacentistas de Rodolfo II, el último
Habsburgo que lo tuvo como residencia principal. El castillo
fue sede de los príncipes de Bohemia desde el siglo
XI. Allí tuvo lugar la famosa defenestración
de 1816, cuando más de 100 nobles protestantes
marcharon hacia el palacio para manifestarse contra la
sucesión en el trono del intolerante archiduque
Fernando de Habsburgo, dando inicio a la guerra de los
30 años. En 1918 el castillo se convirtió
en la sede de la Presidencia de la República Checa,
por lo cual actualmente Václav Havel tiene allí
su despacho.
El nombre de esta misteriosa ciudad significa “umbral”
y surge de una bonita leyenda. Un día, la princesa
Libusse, líder de una de las tribus eslavas de
la región, subió a la torre más alta
del castillo de su padre y anunció que fundaría
una ciudad del otro lado del río. Poco después,
en un paseo por el bosque, se encontró con un joven
del que se enamoró. Se casaron y formaron la primera
Familia Real. Cuando se conocieron, el novio, de origen
humilde, estaba construyendo el umbral de su casa: de
allí nació el nombre de Praha.
Una ciudad que hace honor a su denominación al
ser el umbral de la historia, el arte y la cultura de
Europa.
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