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| SAN FRANCISCO Y EL PESEBRE DE GRECCIO |
| por Gregorio F.
Romero |
Después de la caída
del Imperio Romano de Occidente y de la azarosa formación
de los reinos romano-germánicos, surge en la Alta Edad
media el primer estilo del Occidente europeo: el románico.
Es, en el aspecto artístico, la culminación
de un largo período en el cual la cultura cristiana
había ido fijando sus dogmas y creando, sobre todo
a partir de San Agustín, su propia doctrina filosófica.
Los pensadores de esta época ponen el centro exclusivo
de su interés en la trascendencia, es decir, en el
trasmundo, en la vida eterna y en Dios. Una frase encabeza
muchos de sus estudios o forma parte importante de ellos:
el contemptus mundi (“desprecio del mundo”). El
mundo, con sus halagos inmediatos, podía llevar al
hombre a apegarse a sus goces y olvidar su destino de salvación.
En las tablas y murales románicos las figuras no tienen
relieve y no están situadas en un paisaje, sino sobre
un fondo plano de color uniforme. A lo sumo, aparecen algunos
objetos necesarios para comprender la escena que se está
representando.
En el siglo XIII se produce, dentro del pensamiento cristiano,
un cambio que tiene entre sus máximos exponentes el
pensamiento de Santo Tomás de Aquino y la obra de San
Francisco de Asís, y en arte el triunfo del estilo
gótico. Precisamente en los primeros años del
siglo se produce la conversión de San Francisco y su
dedicación a la vida religiosa. Su amor a Dios admite
la presencia de las realidades terrenas, porque enseña
a amarlo a través de su obra, en la creación
bajo todos sus aspectos. Así lo expresó en su
famoso “Cántico de las Criaturas, escrito ya
no en latín, sino en lenguaje vulgar umbro: “Loado
seas, mi Señor, con todas tus criaturas, / especialmente
el hermano sol, / el cual hace el día y nos da la luz...
/ Loado seas, mi Señor, por el hermano viento / y por
el aire, y nublado, y sereno, y todo tiempo, / por el cual
a tus criaturas das sustentamiento... / loado seas, mi Señor,
por la hermana agua, / la cual es muy sutil, y humilde, y
preciosa y casta. / Loado seas, mi Señor, por el hermano
fuego, / con el cual alumbras la noche / y es bello, y alegre,
y robusto, y fuerte. / Loado seas, mi Señor, por nuestra
hermana tierra, / la cual me sustenta y gobierna / y produce
diversos frutos con coloridas flores y hierbas”. Vuelve
a entrar así el mundo sensible en el mundo religioso,
ahora como escala hacia Dios; y lo hará también
crecientemente en el arte del período gótico,
donde las figuras humanas, ya con volumen, aparecen representadas
en un paisaje y no sobre un fondo liso.
San Francisco murió en el año 1226 y fue canonizado
muy pronto, dos años después. Inmediatamente
se empezó a construir la basílica de Asís
que estaba terminada en 1553, año de la consagración
del templo por parte de Gregorio IX. A fines del mismo siglo
llega Giotto a Asís, quien pintó al fresco,
en los muros de la iglesia superior, veintiocho escenas que
narran hechos salientes de la vida del santo. Se suma así
la obra de este precursor del Renacimiento artístico
a la revalorización de la creación cantada por
el santo. El pensamiento de San Francisco está centrado
en el recorrido de la vida de Cristo en este mundo: desde
su nacimiento, en el episodio del pesebre de Greccio (1223),
a la pasión en la cruz, en la estigmatización
de la Verna, en Toscana (1224).
Es bueno tener en cuenta, ahora que se aproximan las festividades
de la Navidad y reaparece la buena costumbre de los pesebres,
que fue San Francisco el creador del primero, realizado para
recordar el nacimiento de Jesús, con lo que fundó
una honda tradición que perdura hasta el presente.
Lo hizo en Greccio, en el Lacio. Allí, aferrado en
la abrupta ladera de un promontorio de 638 metros de altura,
está el monasterio del siglo XIII donde, por primera
vez, se construyó un pesebre. Giotto representó
esta escena en el primer cuadro del primer tramo, lado derecho,
de la iglesia superior. Muestra el interior de una iglesia,
en el espacio del coro separado por una transena de la nave.
Todo es visto por detrás: el púlpito con los
cirios iluminados, el mueble que soporta el fascitol con el
antifonario donde los monjes leen los cantos, el tabernáculo
enguirnalado para la fiesta de Noël sobre el altar. Al
pie de éste y en primer plano, rodeado de la veneración
de un grupo de religiosos, San Francisco arrodillado tiene
delicadamente en sus brazos al Niño y lo deposita al
pie del altar, al lado del buey y del asno tradicional. Tenemos
así unidos dos acontecimientos: el primer pesebre navideño
real que existió en Greccio gracias a la devoción
de San Francisco por Cristo, y la primera representación
pictórica del hecho por Giotto, realizada en los muros
de la basílica del santo en Asís, en los últimos
años del mismo siglo. Dos hermosos recuerdos para estas
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“El
Pesebre de Greccio” - Giotto Di Bondone (1297-1300)
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