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ICANEWS Diciembre 2004, Año 2 # 6
SAN FRANCISCO Y EL PESEBRE DE GRECCIO
por Gregorio F. Romero
Después de la caída del Imperio Romano de Occidente y de la azarosa formación de los reinos romano-germánicos, surge en la Alta Edad media el primer estilo del Occidente europeo: el románico. Es, en el aspecto artístico, la culminación de un largo período en el cual la cultura cristiana había ido fijando sus dogmas y creando, sobre todo a partir de San Agustín, su propia doctrina filosófica. Los pensadores de esta época ponen el centro exclusivo de su interés en la trascendencia, es decir, en el trasmundo, en la vida eterna y en Dios. Una frase encabeza muchos de sus estudios o forma parte importante de ellos: el contemptus mundi (“desprecio del mundo”). El mundo, con sus halagos inmediatos, podía llevar al hombre a apegarse a sus goces y olvidar su destino de salvación. En las tablas y murales románicos las figuras no tienen relieve y no están situadas en un paisaje, sino sobre un fondo plano de color uniforme. A lo sumo, aparecen algunos objetos necesarios para comprender la escena que se está representando.
En el siglo XIII se produce, dentro del pensamiento cristiano, un cambio que tiene entre sus máximos exponentes el pensamiento de Santo Tomás de Aquino y la obra de San Francisco de Asís, y en arte el triunfo del estilo gótico. Precisamente en los primeros años del siglo se produce la conversión de San Francisco y su dedicación a la vida religiosa. Su amor a Dios admite la presencia de las realidades terrenas, porque enseña a amarlo a través de su obra, en la creación bajo todos sus aspectos. Así lo expresó en su famoso “Cántico de las Criaturas, escrito ya no en latín, sino en lenguaje vulgar umbro: “Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, / especialmente el hermano sol, / el cual hace el día y nos da la luz... / Loado seas, mi Señor, por el hermano viento / y por el aire, y nublado, y sereno, y todo tiempo, / por el cual a tus criaturas das sustentamiento... / loado seas, mi Señor, por la hermana agua, / la cual es muy sutil, y humilde, y preciosa y casta. / Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego, / con el cual alumbras la noche / y es bello, y alegre, y robusto, y fuerte. / Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana tierra, / la cual me sustenta y gobierna / y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas”. Vuelve a entrar así el mundo sensible en el mundo religioso, ahora como escala hacia Dios; y lo hará también crecientemente en el arte del período gótico, donde las figuras humanas, ya con volumen, aparecen representadas en un paisaje y no sobre un fondo liso.
San Francisco murió en el año 1226 y fue canonizado muy pronto, dos años después. Inmediatamente se empezó a construir la basílica de Asís que estaba terminada en 1553, año de la consagración del templo por parte de Gregorio IX. A fines del mismo siglo llega Giotto a Asís, quien pintó al fresco, en los muros de la iglesia superior, veintiocho escenas que narran hechos salientes de la vida del santo. Se suma así la obra de este precursor del Renacimiento artístico a la revalorización de la creación cantada por el santo. El pensamiento de San Francisco está centrado en el recorrido de la vida de Cristo en este mundo: desde su nacimiento, en el episodio del pesebre de Greccio (1223), a la pasión en la cruz, en la estigmatización de la Verna, en Toscana (1224).
Es bueno tener en cuenta, ahora que se aproximan las festividades de la Navidad y reaparece la buena costumbre de los pesebres, que fue San Francisco el creador del primero, realizado para recordar el nacimiento de Jesús, con lo que fundó una honda tradición que perdura hasta el presente. Lo hizo en Greccio, en el Lacio. Allí, aferrado en la abrupta ladera de un promontorio de 638 metros de altura, está el monasterio del siglo XIII donde, por primera vez, se construyó un pesebre. Giotto representó esta escena en el primer cuadro del primer tramo, lado derecho, de la iglesia superior. Muestra el interior de una iglesia, en el espacio del coro separado por una transena de la nave. Todo es visto por detrás: el púlpito con los cirios iluminados, el mueble que soporta el fascitol con el antifonario donde los monjes leen los cantos, el tabernáculo enguirnalado para la fiesta de Noël sobre el altar. Al pie de éste y en primer plano, rodeado de la veneración de un grupo de religiosos, San Francisco arrodillado tiene delicadamente en sus brazos al Niño y lo deposita al pie del altar, al lado del buey y del asno tradicional. Tenemos así unidos dos acontecimientos: el primer pesebre navideño real que existió en Greccio gracias a la devoción de San Francisco por Cristo, y la primera representación pictórica del hecho por Giotto, realizada en los muros de la basílica del santo en Asís, en los últimos años del mismo siglo. Dos hermosos recuerdos para estas Navidades.
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“El Pesebre de Greccio” - Giotto Di Bondone (1297-1300)
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