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ICANEWS Octubre 2004, Año 1 # 5
La vuelta a la Antigüedad clásica y la vuelta a la naturaleza en los orígenes del Renacimiento
por Gregorio F. Romero
Siempre es difícil y algo arbitrario intentar establecer los límites y caracteres de un período histórico, en este caso el Renacimiento, en un ámbito geográfico determinado. Más aún cuando se trata del occidente europeo en una época tan dinámica y conflictiva como ese tiempo crepuscular donde asistimos al declinar brillante de una cosmovisión y a los primeros asomos de otra. El término re-nacimiento alude al surgimiento de una nueva concepción, aunque basada e inspirada en algo que existía antes y fue después eclipsado. Es decir, un cambio que no es continuidad, sino al mismo tiempo ruptura con el pasado inmediato y un nuevo comienzo. Durante los siglos que conocemos con el nombre de Edad Media, el hombre vivió dentro de una fe consuetudinaria en lo sobrenatural, que ponía su finalidad trascendente en el ‘otro mundo’, la ‘otra vida’ y ‘Dios’. Ese orden medieval, que da preeminencia a la fe sobre la razón y la experiencia sensorial es formulado básicamente por San Agustín, en el paso del siglo IV al V. Su lema fue credo ut intelligam; es decir que es preciso primero creer para poder conocer. Este principio sufrirá variaciones a través de los siglos medievales, pero siempre privilegiando la fe sobre los otros aspectos. El hombre del siglo XV, en cambio, va a sentir una confianza nueva en este mundo y en sÌ mismo.

Desde el punto de vista de las artes plásticas, y centrándose en algunas zonas de la península italiana y de Flandes, se suele señalar como inicio, desarrollo y declinación de la estética renacentista el período que va desde principios del siglo XV hasta mediados del XVI. Ella fluctuará entre dos atracciones que llevarán a este nuevo movimiento artístico a una actitud realista: por una parte, la del ejemplo de la naturaleza con una valoración de los datos sensoriales; y por otra, la de la Antigüedad clásica, que los subordinará a la claridad racional de la idea. Ambos aspectos aparecen ya enunciados en dos grandes escritores del siglo XIV: Petrarca y Boccaccio. En el año 1338, Petrarca, después de haber visitado Roma por primera vez, escribe su poema ¡frica, en el cual manifiesta su esperanza en un futuro próximo que él no espera ver por razones de edad y dice:

“A ti, si como espera y desea mi alma- me sobrevives muchos años, te aguardan quizá tiempos mejores; este sopor de olvido no ha de durar eternamente. Disipadas las tinieblas, nuestros nietos caminarán de nuevo en la pura claridad del pasado”.

Al usar las imágenes luz, vigilia, visión para la Antigüedad clásica, frente a oscuridad, sopor, ceguera para el medioevo cristiano, revoluciona la interpretación de la historia como Copérnico lo hará dos siglos más tarde con la interpretación del universo físico. Para Petrarca, que las generaciones futuras lleguen a caminar de nuevo en la pura claridad del pasado, implica un nuevo ideal de la vida humana que se basa en una vuelta a la Antigüedad clásica.
Pocos años después, en 1352, Giovanni Boccaccio en el Decameron (VI, 5), haciendo el elogio de la pintura de Giotto dice:


“Giotto tuvo un ingenio tan excelente que nada ofrece la naturaleza [...] que él con el estilo y la pluma o con el pincel no lo pintase tan semejante a ésta, que parecía no ya semejante, sino incluso ella misma, de tal modo que muchas veces en las cosas que él hizo se encuentra que el sentido visual de los hombres se ha equivocado, creyendo que era verdad lo que era pintado. Y por ello, como le había dado esplendor a este arte que durante muchos siglos había estado sepultado [...], merecidamente puede considerarse una de las luces de la gloria florentina”

Si para Petrarca las tinieblas se disipan con una vuelta a la Antigüedad clásica, para Boccaccio el arte sale de nuevo a la luz por el camino de una imitación de la naturaleza. En lo hondo, las dos opiniones surgen de un tronco común: una visión antropocéntrica y racionalista del mundo y de la vida del hombre en el mundo. Como toda nueva cosmovisión busca sus propias formas en las cuales objetivarse, se asiste en el siglo XV a la búsqueda y creación de un lenguaje artístico para plasmar los nuevos temas y darle otra forma a los tradicionales. Y se tome como inspiración a los clásicos o a la naturaleza, ese lenguaje será el del realismo, con sus diversos matices: con predominio ideal en el primer caso, sensorial en el segundo. Top
 


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